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Karina Jelinek: "Le estoy dando una segunda oportunidad a mi marido"

Karina Jelinek: "Le estoy dando una segunda oportunidad a mi marido"

La modelo abre su corazón y cuenta cómo vive la peor crisis en su matrimonio con Leonardo Fariña, hoy imputado por presunto lavado de dinero

 
En su sillón de cuero blanco, posa por primera vez para ¡Hola! Argentina.. 

Desde hace dos meses, Karina Jelinek (32) vive casi recluida en su espectacular piso 23 de avenida Del Libertador. Ya no pasea en bicicleta y, en cambio, prefiere hacer ejercicio en una fija que instaló en un rincón de los 400 metros cuadrados de su hogar.

Tampoco sale a comer afuera; el delivery o un encuentro entre amigos son sus mejores opciones "hasta que pase la tormenta", explica. Así se refiere la modelo al difícil momento que vive: su marido, el contador y financista Leonardo Fariña (26), está imputado en la polémica causa por presunto lavado de dinero que se abrió tras la emisión del programa de Jorge Lanata, Periodismo para todos , el pasado 14 de abril. A partir de entonces, ella se mudó a la casa de una amiga en Barrio Parque, él optó por armar sus valijas y ambos adoptaron un perfil más bajo, lejos de los flashes.

Amable y decidida, la modelo de la agencia Life Chekka recibe a ¡Hola! Argentina con una sonrisa escondida detrás de su máscara hidratante en el living con una imponente vista al Río de la Plata. Ofrece un café y enseguida traza los límites de la charla. Prefiere esquivar preguntas sobre el departamento que alquila –se dice alguna vez perteneció al ex presidente Carlos Menem (83) y Cecilia Bolocco (48)– y del pequeño Salvador (5), el hijo que Fariña uvo durante una relación anterior y del que ella no sabía que existía. "Ese es un tema de él, es muy personal. No voy a hacer comentarios al respecto", enfatiza mientras saluda con un cariñoso beso de despedida a su marido.

–¿Entonces ahora están conviviendo?

–De a poquito vamos compartiendo territorio. [Risas]. Queremos ver qué pasa con nosotros, y recuperar eso que una vez nos unió. Con Leo vivimos una tormenta terrible pero ahora estamos de nuevo juntos. Yo no soy una mujer que se rinde fácilmente. Soy muy fuerte y esta lucha la voy a dar hasta el final.

–Tremenda pelea te toca ahora, ¿no?

–Sí…, pero no es la primera. En nuestro matrimonio tuvimos muchas crisis, pero esta fue la más grande. Como dijo Leo hace poco, no somos la pareja perfecta. Todo el mundo cree que porque somos lindos y yo le cocino somos perfectos. Bueno, no lo somos. Tenemos nuestras cosas también. Ya tuvimos peleas en las que volaron ceniceros y floreros. [Risas].

–¿Sos brava cuando te peleás?

–Sí, tengo carácter muy fuerte. Vos me escuchás con esta vocecita dulce y no te imaginás cómo me pongo cuando estoy enojada. A mí las cosas me gusta decirlas en la cara, no soy de esas personas que se guardan lo que sienten.

–¿Cómo estás hoy?

–Bien, no excelente. Estoy tratando de estar mejor, retomando mi trabajo. Por un mes dejé todo, mi vida quedó suspendida hasta nuevo aviso... Por suerte, ahora recuperé un poco de normalidad. Gracias a mi terapia con Bernardo Stamateas y a Dios, estoy mucho mejor.

–¿Estuviste muy deprimida?

–Sí, estuve encerrada diecisiete días. Lo sé porque los conté. Ya no podía más. Llegué al punto de pensar realmente que este era el fin. Todo el tiempo me preguntaba qué iba a ser de mí. Es muy duro que tu pareja, la persona que amás y con la que te casaste, tenga tantos problemas y deba pasar por esta situación. Y sobre todo, que esos problemas sean vistos por todo el mundo. Por eso sufrí muchísimo la presión mediática. "¿Qué estará haciendo Karina?". "¿Se va a divorciar o no se va a divorciar?". "¿ Tendrá nuevo novio, tendrá novia?". En un mes me volvieron loca. Pero ese es el precio de ser conocida. Es como un peaje que tenés que pagar para alcanzar lo que querés. Así es este mundo y esta profesión. Eso me lo enseñó Susana Giménez.

–¿En quién te apoyás en los momentos más duros?

–En mis amigas y en mi familia.

–¿Y en la familia de Leonardo?

–No, no tengo relación con la familia de él, solo con el papá. Leo no tiene relación con el resto de su familia, así que yo tampoco. Respeto eso y no me meto. Ya es un tema personal de él.

–¿Cómo fue la reconciliación? ¿Te trajo bombones?

–No, ¿qué bombón? Esto no se arregla con bombones… [Risas]. Todo se dio de a poco. Empezamos a hablar de nuevo y acá estamos. El no está durante el día porque trabaja mucho, es muy laburador. Y yo, por suerte, tengo mis actividades también. Recién nos vemos a la noche. Si hay algo que me di cuenta después de esta crisis es que tengo los brazos de Popeye, porque no tenés una idea de cómo la remé, la remé y la remé. Eso sí, al principio no quise saber nada de nada de volver con él. Leo me tuvo que convencer y me dijo: "Gorda, confiá. Yo te amo, vas a ver que te voy a demostrar que no te miento, que acá hay una gran equivocación. Dame tiempo y vas a ver". Y bueno, en eso estamos. Vamos a ver qué pasa. Voy a darle una segunda oportunidad porque lo amo. Y eso hacemos las mujeres cuando estamos enamoradas.

–¿Pero nunca te dio curiosidad por saber qué pasó? ¿No te dan ganas de leer y ver de qué se trata todo esto?

–No veo programas políticos porque no entiendo nada. En eso no me quiero meter. Yo tengo fe en que todo se va a aclarar, confío en la justicia y en Dios. Amo a Leo y por eso respeto su silencio y lo voy a esperar. Sé que todo va a salir bien. Si él me pide tiempo, se lo voy a dar.

–¿Entonces lo vas a seguir apoyando?

–Sí, pero desde lo sentimental. Desde lo demás no, porque desconozco el tema. Solo sé que es contador y asesora empresas en el área financiera. Más allá de eso, no sé y no voy a meterme en su trabajo para ver si hace o no hace lo que me dijo, porque él tampoco se mete con mi carrera. ¿Cuántos hombres hay que no les dan explicaciones a sus mujeres? Y nadie anda pensando que están metidos en algo raro…

–Bueno, ¿pero no te llamaron la atención los vuelos en avión privado, los regalos…?

–No. Lo conocí así. Las mujeres, cuando estamos enamoradas, confiamos ciegamente en el otro. Y por otro lado, a mí nadie me mantiene. Trabajo desde hace doce años, tengo mis tarjetas de crédito. Lo mío con Leo pasa por otro lado.

–Si llegara a comprobarse su responsabilidad, ¿lo seguirías acompañando?

–¿Y te parece que no lo apoyé con todo lo que pasó? Más no puedo hacer.

EL FLECHAZO

Leornardo Fariña y Karina Jelinek se conocieron en enero de 2011 en una fiesta en Punta del Este. Y el flechazo fue mutuo. Esa noche se dieron el primer beso y tres meses después se casaron en una espectacular fiesta en el Tattersall de Palermo, donde la modelo lució ante los doscientas cincuenta invitados el regalo de bodas de su novio: un deslumbrante collar de esmeraldas y diamantes.

"Lo nuestro fue a amor a primera vista. Leo me hace sentir amada hasta el más mínimo detalle, siempre está atento a mí. No me importa si es millonario o no. Yo lo amo tal como es", reveló Karina después de la ceremonia.

–¿Le ves futuro a la pareja?

–Sí, obvio. Por eso me casé y por eso decidimos darnos una nueva oportunidad.

–¿Hay planes de tener hijos?

–Sí, pero más adelante. Sigo soñando con ser madre y tener tres hijos, pero no es el momento. Y más ahora, después del huracán que nos arrasó, creo que no es momento para pensar en una familia. Con Leo recién nos estamos reconstruyendo. Todavía hay tiempo para ser padres.

–¿Qué es lo que admirás de él? –Que es muy sincero, no se guarda nada. No tiene problema en decirte las cosas en la cara, seas quien seas. No es un careta. Podrá tener una Ferrari pero su forma de ser es simple. Así como lo ves, es un chico que le gusta compartir asados con amigos…, que disfruta de las cosas sencillas de la vida.

–Hace un rato dijiste que suelen pelearse. ¿Por qué discuten?

–El fútbol es una pelea constante, no me gusta que vea tantos partidos. Y si no prende la tele, juega a la Playstation. Los fines de semana es el partido o la Play. Y por ese tema, nos peleamos mal. Una vez incluso le saqué el juego y se lo escondí. [Risas]. Es chico, tiene 26 años, es lógico que le gusten esas cosas, pero siempre es bueno el equilibrio.

–¿Qué actividades comparten?

–Ahora estamos un poco guardados. Si no, nos gusta salir a comer afuera. En lo personal, me encantaría que Leo saliera a correr conmigo, pero es un vago. [Risas]. No logro que me acompañe, no tiene paciencia. Decí que tiene un cuerpo privilegiado y zafa porque es joven… pero me gustaría que hiciera algo saludable.

–¿Te gusta cuidarlo?

–Sí, me gusta mimar al hombre que amo. ¿A qué mujer no?

VOLVER A EMPEZAR

Tienen ganas de mudarse. A veces piensan en una casa en Nordelta; otras, en un departamento cerca del barrio en el que viven desde que se casaron. Mientras, Karina juega en un sillón Chesterfield con sus tres perritas, Lisa, Chocolina y Morena, y cuenta el proyecto que más la entusiasma: "Voy a lanzar una colección de remeras con las frases que me hicieron famosa, como una manera de empezar a probar el camino del diseño, más allá de mi carrera de modelo. Ya me hicieron un montón de pedidos. La más solicitada es "Lo dejo a tu criterio", explica.

–¿Alguna vez te molestó el prejuicio de la modelo tonta?

–Al principio sí. De chica lloré mucho. Con el tiempo aprendí a superarlo y hasta supe sacarle provecho y ahora mirame, estoy sacando una línea de remeras. Ya no me afecta en lo más mínimo lo que piensen de mí. Yo sé quién soy y las personas que quiero también. En todo caso, me gusta pensar que hago reír a la gente. Si puedo sacarle una sonrisa a alguien por una cosa que dije, mejor. No reniego del título de tonta, porque sé que no lo soy. Así como muchos piensan que lo soy, otros dicen que soy la más viva de todas.

Texto: Jacqueline Isola

Fotos: Ignacio Arnedo.